lunes, 7 de noviembre de 2011

Rock&Roll Yo : RocK&Roll and Make up Festival 2005


En un mundo en el cual el consumismo exagerado y la sobre explotación del consumidor han deformado en su totalidad el concepto de arte, existen todavía legiones que se resisten a verse a si mismas como representantes de dicho fenómeno. Existen manifestaciones artísticas puras que mucho mas allá de su calidad o su propia conciencia de la obra, se presentan intachables en cuanto a compromiso, ilusión y lo que es mas importante, expresión sincera. Mi mas reciente encuentro con una de ellas, hace algunos días no hace mas que confirmar dicha teoría. El suceso en sí fue mas bien una noche entera, en donde una vez mas, el medio de expresión que llego a salvar el día, fue el que suele, con mayor facilidad, atrapar la atención de mis sentidos, el Rock.

Montevideo es una ciudad pequeña, lo cual hace que muchas de sus manifestaciones culturas se vean reducidas y bastante sectorizadas. Si bien existe una movida rockera, esta no cuenta ni con muchas bandas ni con un calendario galopante organizado que les de a estas mismas una exposición constante. La primera línea de bandas uruguayas, las medianamente conocidas, las que podrían ser consideradas el main stream, suelen centrar sus esfuerzos en incorporarse a la movida rockera argentina en busca de un mayor mercado de exposición. Esto que deja la vía libre en el medio local, para que las que tomen la escena sean las bandas mas amateur, ya sean de covers o bandas de rock de expresión visceral que no necesariamente cuentan con un producto de calidad, pero saben también (o no) que eso es lo que menos importa.

La noche de hace algunos sábados tuve la oportunidad de encontrarme cara a cara con tres de los ejemplos mas representativos de esta situación, tres bandas de rock de distinta onda que supieron, mas allá del gusto, atrapar mi atención y ganarse mi respeto. La primera fue una banda de covers de Foo Fighters, banda que no me entusiasma mucho pero cuyos temas fueron interpretados con la precisión y el ahínco necesarios para no decepcionar. La banda de fondo, la que había ido yo a ver, fue “Gregorio Samsa” la banda de un reciente y buen amigo mío que, junto a un grupo de rockeros medianamente veteranos, hace muy buenos covers en clave un tanto heavy de “The Velvet Underground”.  Pero fue la segunda anda de la noche, un adefesio musical llamado ANAXIMANDRO la que concitó realmente mi atención, esta banda, conformada por tres tipos con una pinta de rockeros bastante cliché, venía de Maldonado a tocar a un pequeño bar montevideano junto con un puñado de groupies viajeros y cargados de muchísimo espíritu rocanrolero. Los tipos estos dejaron la vida en el escenario, tocaron unos seis o siete temas malísimos plagados de exagerados solos de guitarra, el abuso de la palabra “nena” y en dos de ellos, la emotiva participación en la voz del hijo del cerebro, vocalista y guitarrista de la banda. ANAXIMANDRO cerró su presentación con su hit “Música para garchar”, un himno medio funky en donde se repetía que cada clase social tiene sus miserias y se pasaba luego a afirmar que esa música era para garchar. El nivel de compromiso mostrado por esta banda me hizo pensar en mi relación con la música y especialmente el rock & roll, me llevó a recordar el primer momento en que sentado en la camioneta que me llevaba al colegio y con siete años de edad, mientras escuchaba en la radio sonar “Time of my life” el tema central del soundtrack de dirty dancing caí en cuenta que me gustaba la música. Recuerdo que esa melodía se quedó conmigo durante varios días y que me acerqué a mi prima Cristina a comentárselo pero no obtuve mayor respuesta. En mi familia, en cuanto a la música, crecí bastante solo, mi madre en el auto si no pone noticias, pone la música tan bajita que se oye mas el aire acondicionado, mi padre no sabe diferenciar el tema de Star Wars del de Superman, mi hermano mayor lanza lamentos indios en la ducha y mi hermana mayor escucha Celine Dion, es decir, a ninguno realmente le gusta. Por esto motivos tuve que educarme un tanto solo o con la ayuda de buenos amigos que comparten hasta el día de hoy mi gusto y afición por la mas linda de las expresiones artísticas. Con los años fui entendiendo el sentido de la música, empecé a escribir poesía y a conectar realmente con lo que hicieron Led Zeppelin, Pink Floyd, los Beatles, Bowie, Dylan y muchos otros. Algunos años después, llegó la posibilidad de descargar de manera gratuita toda la música de Internet, cosa que empecé a hacer en ese momento y decidí no terminar nunca. Siempre quise cantar y tocar la guitarra, para lo primero no soy buenísimo pero tampoco soy malo y para lo segundo soy terrible. Llevé clases de guitarra en tres periodos distintos, el ritmo siempre lo llevé de manera correcta, pero para contorsionar los dedos y hacer adecuadamente los acordes, no estoy hecho. Por eso mismo la única manera en la que sentí que me expresaba correctamente en cuanto a la música fue compartiéndola e intentado así poder trasmitir lo que sentía yo al oírla, lo he logrado pocas veces, pero la mas importante fue allá por el año 2005, cuando gracias a que mi abuela y mi madre estaban de viaje, decidí impulsivamente organizar en mi casa una fiesta que logró quedarse grabada en la memoria de sus asistentes como el mejor musicalizado y mas sangriento “Rock&Roll and Make up Festival Lima 2005”.

Todo empezó un lunes, yo hablaba por Messenger con la chica que por esas épocas me gustaba y que después de que yo le contará que me quedaba solo en mi casa por las siguientes tres o cuatro semanas, me preguntó ¿cuándo es la fiesta? Ah lo que yo con toda naturalidad contesté, el sábado. Ahí mismo empezó la organización y la elaboración del playlist que habría de sonar, iba a ser una fiesta de rock, solo y exclusivamente de rock, bailable, cantable y todo eso, pero ningún otro tendría lugar en mi homenaje a dicho genero musical y a la que por esas épocas fuera la victima de mis desaciertos románticos. Empecé a avisar que podía asistir quien quisiera y que lo único que había que hacer era traer alcohol, ponerle onda, no inmiscuirse con la música y si se podía, disfrazarse y/o maquillarse con motivos rocanroleros. A lo largo de la semana me dediqué a ordenar todos lo temas que sonarían el día de la fiesta, todo estaba planeado para que no hubiese necesidad de cambiar la música en ninguna momento y también a promover la fiesta para asegurar su éxito. Llegado el sábado, mi amigo Carlos roe y yo empezamos a acomodar las cosas, esconder adornos y construir los diversos ambientes de la fiesta. Luego salimos a comprar dos botellas de whisky, empezamos a pintarnos la cara el y yo con maquillajes de la onda de Fischerspooner y David Bowie respectivamente y nos sentamos a esperar.

La gente fue llegando en grupos, muchos muy bien disfrazados y otros no tanto pero lo que siempre estuvo presente fue la onda, todo el mundo tenía ganas de pasarla bien, pero ella todavía no llegaba y yo ya iba, de los nervios por el cuarto whisky. Al rato llegó, tenía fiebre y no me daba mucha bola o sea q opté por divertirme con todos los demás asistentes que para ese momento ya rondaban las cien personas, entre conocidos y conocidos de conocidos. La fiesta era un éxito, yo me había evidentemente pasado de whiskys calmando la ansiedad que me había generado organizar tan magno evento y observaba la fiesta desde una perspectiva torcida y difusa así que decidí que era momento de bailar un poco. La gente bailaba adentro de la piscina vacía desde hacía ya un rato y yo me uní, primero fue Sympathy for the devil, uno de mis temas favoritos y después el éxtasis latino ochentero que representa persiana americana los que me hicieron mover el esqueleto. En ese momento, cuando rondaban ya las 4 de la mañana, y mientras yo giraba y me hacia uno con el teclado de Gustavo Cerati, uno de mis amigos, quien es un antiguo rockero devenido a Dj de música electrónica y cuyo amor por el rocanrol cuestiono seriamente hasta el día de hoy, decidió celebrar que era la primera noche que “tocaba” en una discoteca limeña tirándose a la piscina en un intento de stage diving pero sin avisarle a los de abajo que tenían que atraparlo. Entre estas personas estaba yo, bailando sin prestar mayor atención a nada cuando sentí el fuerte impacto en la nuca y el posterior golpe contra la pared que me dejó finalmente tendido en el suelo. Al levantarme vi la imagen de mi hermano mayor que me llamaba desde afuera de la piscina y yo, haciendo uso de todos mis recursos, escalé hacia fuera para hablar con el. Cuando nos encontrábamos cara a cara noté que mi brazo izquierdo estaba totalmente bañado en sangre y hasta goteaba, alguien había roto una botella y yo no había tenido mejor idea que apoyarme en ella al levantarme de tan brutal caída. Mi hermano y unos amigos cercanos me llevaron a mi cuarto para ayudarme y mientras me ayudaban a lavarme la heridas de la mano yo me reía y deliraba pensando en el éxito de mi fiesta. Has perdido mucha sangre me decía mi amigo Rodrigo, frase que yo en mi borrachera interpretaba como cinematográfica y entre risas se la atribuí a su afición por el cine sin hacerle mayor caso y asumiendo el rol cinematográfico también de hombre fuerte que ante cada propuesta de llevarme al hospital me hacia reaccionar diciendo ¡nada de médicos!. Minutos después me llego el rumor de que mi tía, le hermana de mi madre que vive tres pisos mas arriba, había bajado a ponerle fin a tan grandioso festival porque todo esto había sido demasiado rocanrol para ella. En pijama y diría que casi hasta con ruleros expulsó a todos los creyentes que ahí invocaban a los Morrisons, Lennons y Hendrix que flotaban en el aire y estaban a punto ya de poseer cualquiera de las almas que se encontraban ahí dispuestas poniéndole fin a mi fiesta. Minutos después ya todos se habían ido y yo yacía confundido y muy adolorido en mi cama pensando en que dicho festival no podía haber terminado mejor que de manera abrupta, que las glorias de la música tendrían que apreciar el sacrificio que hice yo al derramar mi propia sangre en beneficio del rock, que al haber venido la autoridad a echarlos a todos por escandalosos no se había logrado otra cosa que alcanzar el objetivo sublime de la celebración pagana y manifestación visceral del amor por algo que es mas grande que yo, que tu y que todos juntos, el Rock!.