Después de mis primeros seis meses viviendo en Barcelona volví a Lima para, entre otras cosas, cumplir con ciertos compromisos familiares y también para, de alguna manera, despedirme emocional y ¿temporalmente? de la ciudad que me vio nacer. Lima es una ciudad que a mí, como a muchos otros limeños, siempre me ha causado un serie de sentimientos encontrados, es una ciudad que se deja querer pero de lejitos, algo así como tener de mascota a una hiena, por ahí que le coges cariño desde fuera pero si te acercas lo mas probable es que tengas que salir corriendo. Cuando estaba ahí me deprimía su cielo gris, sin embargo ahora en Barcelona cada vez que encuentro un día nublado al estilo limeño, no dejo de sentir una nostalgia cariñosa que me recuerda a mi ciudad, ni de añorar las veces en las que me levantaba temprano (casi nunca) y al salir encontraba todo bañado de esa pobre lluvia que nunca cae pero que siempre está. Es una ciudad que se ve preciosa desde Google maps por ejemplo, mas de una vez me he encontrado enseñándosela a alguien desde arriba en Internet, claro, las fotos de satélite te muestran de manera muy clara lo lindo del mar ahí cerquita pero no se ve a cantidad de basura que tiramos dentro, o ves la cantidad de árboles verdes que tiene San Isidro, debajo de cuyas copas seguramente se escondan (a pedido de la municipalidad y para la foto) varios de esos niños pobres que piden dinero en las esquinas, y sobre todo lo impresionante que es esa suerte de “Central Park” (pero privado por supuesto) al que llamamos Lima Golf, representación indiscutible de uno de los mas grandes defectos que tiene mi ciudad, la neo colonialista, súper ostentosa, discriminatoria y monumentalmente hipócrita aristocracia limeña dentro de la que me ha tocado crecer.
Yo viví siempre en un barrio bonito, a mí siempre me dejaron entrar a todas las discotecas y playas privadas, no salí “sorteado” para hacer el servicio militar y me he subido a un autobús de transporte público limeño en contadísimas oportunidades. Está claro que no sufrí de lo mismo que sufre un limeño cualquiera y que mi condición social me trajo muchos beneficios pero, al mismo tiempo, también me trajo limitaciones. Mientras fui creciendo en Lima me vine dando cuenta de estos problemas, y reaccioné de la manera que pude, me volví “anti”, porque de adolescente, antes de definir que y como quería ser, me di cuenta de cómo NO quería ser. Empecé por lo básico, pelos, barbas y banderita del Che Guevara, y de ahí básicamente dar la contra, digamos que si a ti te gustaba la Coca Cola (sucio imperialista) a mi me gustaba la Inca Kola, y si a ti también te gustaba la Inca Kola (falso nacionalista), a mi solo me gustaba el agua y todas las bebidas con gas eran una mierda, “Hasta la victoria siempre!” (aunque al distrito de La Victoria nunca, porque ahí roban).
Me era difícil adoptar una postura política porque no vivía los problemas del país en carne propia, la derecha me parecía entupida, retrograda y cerrada, y la izquierda perdía todo sentido cuando era administrada por revolucionarios radicales y asesinos. Estas dos tendencias me dan la impresión de ser como dos trenes que van en direcciones opuestas y si uno esta en la vías de uno, eventualmente se hallara teniendo que saltar a las vías del otro para no ser atropellado. Me di cuenta que la derecha y la izquierda eran al final lo mismo y todo dependía de la dirección en la que uno mire, así que entre derecha e izquierda, mejor estar encima. Me deshice de mi banderita del Che Guevara y me volví simplemente liberal, pero liberal de mi casa, o sea nunca fui a la plaza de armas a lavar la bandera, básicamente porque nunca me pasaron la voz (y esos eventos no se anuncian por Facebook). Bueno, digamos que soy de los que están a favor del matrimonio homosexual, la despenalización del aborto y en contra de básicamente todo lo que diga mi tío Rafa Dei ( u Opus Rey) y su iglesia católica. Ha habido pocas veces en las que he realmente salido a manifestar mi disconformidad, marché en Nueva York contra la guerra en Irak, marché en Barcelona en contra de los bombardeos de Israel a Palestina y finalmente, en la visita a Lima que mencioné mas arriba, atenté contra la infraestructura de una fiesta organizada por la Cerveza Peroni, hecho que paso a relatar a continuación:
Habían pasado ya unas semanas desde que había llegado a Lima, los compromisos familiares habían quedado atrás y me estaba dedicando básicamente a salir con mis amigos mas cercanos, cuantas veces pudiera y de la manera mas intensa, ya que sabia que dentro de no mucho tiempo regresaría a Barcelona por un periodo mas largo. Creo que era un miércoles o jueves cuando mi buena amiga Francesca Fernandini nos dijo que su tía estaba organizando una fiesta para la cerveza Peroni ese sábado y que nos había conseguido entrada a todos. Perfecto! Voy con todos mis amigos, cerveza gratis y siempre es divertido ir mal vestido a una de estas fiestas pitucas (o pijas, como se dice por aquí) y de ahí ya un poco borrachos nos podríamos ir a algún lugar mas divertido.
Llegó el sábado, no juntamos en casa de otra amiga a tomar unas cervezas y, como a eso de las doce de la noche, partimos hacia el local de la fiesta: el “Puericultorio Pérez Aranibar”, un orfanato gigante en donde irónicamente se organizan muchos eventos para hijitos de Papá. Llegamos, estacionamos los autos dentro y pasamos a la fiesta. todo estaba decorado muy muy bonito, me imagino que los cuartos de los huérfanos deben estar en las mismas condiciones, había fuentes de agua, sofás por todos lados, chicas lindas dándote cerveza, sushi para picar, un par de Dj’s haciendo la cosa esta que hacen los Dj’s y un montón, pero un montón de gente “nice”. Mucho saquito de cuero, cantidades de pelo engominado, cabelleras rubias por todos lados, “ todo regio, hija, todo regio”… y al fondo, como a unos doscientos metros de la fiesta, a través de un verdísimo jardín, una réplica de la torre de Pisa de la altura de un edificio de cuatro pisos.
Empecé a tomar unas cuantas cervezas con mis amigos mientras veía a montones de chicas ir a tomarse fotos con la torre de fondo, sosteniéndola como si estuvieran en Italia, era realmente ridículo… en eso empecé a sentir que esa torre me miraba, me miraba y riéndose con un monóculo en el ojo se burlaba de mi y de los huérfanos… y con un whisky en la mano se alzaba ahí como espantoso símbolo de la indiferencia limeña. Me di vuelta y me dirigí a dos amigos míos que, por motivos de privacidad, denominaré el camarada Vicich y el camarada Cabeza, y les dije: “muchachos, antes de que esta fiesta termine, habremos de derribar esa torre”, les expliqué los motivos y ambos estuvieron de acuerdo… pero me dijeron que por respeto a nuestra amiga Francesca, que nos había conseguido la entrada, debíamos contenernos y dejar de lado ese heroico acto para otra ocasión… la torre en ese momento me miro de reojo, exhaló el humo de su habano y estalló en una carcajada…”esto no se queda así, torre… esto no se queda así…”.
Pasó como una hora y la idea de derribar la torre no salía de mi cabeza, la había compartido ya con un tercer compañero a quien denominaré el coronel Peña, quien opinaba que la idea era genial, que era un deber y Francesca entendería, que lo haría el solo sino fuera porque necesitaba del apoyo de nosotros… y en eso, nos llegó una señal divina, algo que no pudimos ignorar, Francesca se nos acercó y nos dijo: “Chicos, yo me voy a dormir que me siento mal, ya nos vemos mañana pues, pórtense bien ah…”, ay Fran… si hubieras sabido…
Nos miramos las caras, no dijimos nada, sabíamos que había llegado la hora de actuar, en eso se nos acercó mi amigo Alonso Tejeda, uso su nombre real porque sé que esta historia no le traerá mas que orgullo y al explicarle el plan, lo primero que hizo fue darse vuelta y empezar a correr hacia la torre… los otros cuatro los seguimos y fuimos acercándonos por diferentes flancos. Los encargados de seguridad de la fiesta nos vieron venir a gran velocidad y dejando el desconcierto inicial, partieron a interceptarnos, el primero en caer fue el camarada Vicich, un mártir… yo vi al seguridad que venia hacia mí y pensé: “no te rindas, hazlo por los huérfanos!” y en una maniobra sin precedentes logré con un semi giro esquivar el intento de tacleo del seguridad y hallándome en frente de la torre simplemente me arrojé contra una de sus paredes y la atravece´… fracciones de segundo después vi la figura del coronel Peña abrir un forado similar en otro flanco de la torre e justo cuando me ponía de pie para eliminar ya por completo y desde el interior al enemigo, fui tomado por los hombres y arrojado al exterior, al caer al suelo oí al camarada Vicich gritar “El camarada Cabeza está herido, se ha cortado!”, me liberé de mi captor y fui en su ayuda mientras que el único miembro del comando que aun no había sido apresado, Don Alonso Tejeda, continuaba destruyendo las paredes con la técnica del cabezazo. Me acerqué al camarada Cabeza quien, con la cara llena de sangre me dijo, déjame, es muy tarde para mí, tu continua y así lo hice, me acerqué de nuevo a la torre y empecé a patearla hasta que los de seguridad, que contaban ya con refuerzos, nos apresaron a todos.
Mientras nos llevaban a su centro de operaciones, entiéndase una especie de carpa que estaba treinta metros mas allá, se nos acercó un fotógrafo de sociales de una revista y empezó a fotografiarnos, cosa que, evidentemente podría haber puesto en riesgo el éxito de futuras misiones, fue entonces cundo el camarada Cabeza, ensangrentado el por el corte de su frente y muy preocupado por el riesgo en que se ponía también su identidad procedió a tirarle cerveza en la cámara al sujeto este mientras muy apropiadamente lo llamaba “paparazzo de mierda”, esto causó una nuevo conmoción, la cual aprovechamos los miembros del escuadrón para escapar, de nuevo al interior de la fiesta y camuflarnos entre sus asistentes… pasamos desapercibidos durante un rato y luego decidimos abandonar la fiesta… la torre seguía en pie pero, seriamente dañada, no reía mas… abandonamos la fiesta muy orgullosos y contentos, habíamos manifestado nuestra disconformidad de manera justa y necesaria. Estaba de camino al auto cuando oí una voz de niño que me llamaba, me di vuelta y vi en una ventana a uno de los huérfanos que me dijo “Señor, gracias… ahora no harán mas fiestas aquí y podremos dormir tranquilos” a lo que le contesté “primero que nada niño, no me digas señor que me haces sentir viejo y segundo, no tienes nada que agradecerme, es mi deber, ahora ve y búscate un padre…”
Sabia que muchos no entenderían lo que nos motivó a hacer esto, como mi amiga Francesca, a quien quiero como una hermana pero cuando se enteró me gritó como si fuera mi madre, pero era nuestro deber manifestar nuestro desacuerdo y dejarles en claro a esos huérfanos, que el coronel Peña, los camaradas Cabeza y Vicich, Alonso Tejeda y yo estaríamos ahí para reivindicarlos y proteger la integridad de su hogar siempre que nos necesitaran.
domingo, 25 de octubre de 2009
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Hola Jaime, he leido varios de tus escritos en el Blog. Me he divertido mucho, tenés una forma muy agradable de escribir y de ir llevando la historia. TE FELICITO.
ResponderEliminarLa revelión es una etapa muy intensa, en general viene luego de que uno fue "demasiado obediente". Pero vivir la revelión es una de las etapas más apasionantes de la vida, creo que es cuando uno le "toma el pulso" a la vida, y conoce verdaderamente los distintos aspectos de la misma y sus personajes que desfilan frente a nosotros...
No todos aprovechan esta etapa de la misma manera... además cada uno la puede vivir en forma distinta...
En mi opinión tenés un talento especial, no todos descubren una mirada diferente en la rutina de nuestra infancia y adolescencia, y además la capacidad de saber expresarla.
Todo esto me pone ansioso por conocer tus opiniones cuando estés de lleno en la siguiente etapa, la etapa de la PRODUCCION (no todos llegan a ella). La etapa de la producción surge como un "licuado" entre las experiencias vividas intensamente durante la revelión; la fuerza de la juventud que impulsa a intentar cambiar las cosas para mejorarlas; y la sabiduría y la prudencia de quien reconoce que lograr verdaderos cambios no es fácil... que seguramente la "llave" sea la INTELIGENCIA de saber adaptar las experiencias vividas en épocas de revelión, a la necesidad de adaptación y aceptación del mundo real, para incorporarlo e intentar dominarlo antes de "poder" cambiarlo...
Se necesitan cambios, espero que sean inteligentes y apropiados... me parece que tenés pasta... de allí pueden salir las SOLUCIONES o RESPUESTAS a los interrogantes que planteás en tus escritos de este blog...
Muchos saludos de un viejo ex-revelde que lucha pacientemente por algunos pequeños cambios... y que se hace llamar
SO PL AR