El siete de julio de algún año todavía lejano lloverá, será una lluvia suave pero durará lo que dura una noche y en esa noche, en algún lugar y con alguien, Jagger sentirá que su existencia, al menos por unos segundos tiene sentido, se verá retratado en la calma de quién lo acompaña y, mientras la ve dormir, pensará que el universo a veces se distrae, que hay noches que no tendrían que acabar y que también a veces, soñar y estar despierto es una cuestión de perspectiva.
De un sueño
Cae el viento oscuro de tu sueño,
Contemplo quieto, en silencio
Desde una esquina, en tu hombro
Mojándome en el mar de tu deseo
Un sobresalto de versos encontrados,
En la noche,
Dos dedos tuyos en mi pecho,
Dos versos míos en el tuyo…
Tu paciencia y tu mentira,
tu descanso, tu cordura hecha de acero
escondida tras tus parpados cerrados,
duerme lento y sin ventajas,
el final de un día, de un martes tuyo,
de una corta y cruel noche de verano
no me duermo, no me canso…
cada espacio es un desierto,
en mi cama, en tu reino,
en ese suspiro, hecho de mi carne y de tu sueño
un universo arriba nuestro, muy oscuro y en silencio,
todo tuyo, todo mío, todo…
el puñal de las horas venideras, del sol que sale…
de dos versos míos que se mueren,
de dos dedos tuyos que lo matan,
de una espera muy amarga, cotidiana…
para otra noche de silencio, para otro viento, para otro sueño,
y yo despierto…
tú sin dueño y yo, con una lagrima en mi pecho.
Jagger
sábado, 16 de enero de 2010
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