jueves, 23 de enero de 2014

Cuervo

Jagger se hará chiquito frente a infinidad de oportunidades que este universo hermoso le ofrecerá, encenderá uno de los 122 cigarros que le quedaran por fumar antes de la llegada del siguiente invierno y, sintiendose parte del destino, se hará uno con un cuervo.


Cuervo


Canta un cuervo su desdicha
Entre un mar de pasiones
Entrega el vicio de su negro plumaje
De su destino errante

Hace del viento su camino
De cada árbol un puerto
Sus garras se aferran al tiempo estático y violento
Lo empuja la rutina que se aloja en su cuello

Ve un verde prado a la distancia
Sin arboles
Sin serpientes
Aterriza forzoso
Acomoda sus pies encima de la tierra húmeda

Entre el pasto fresco respira un canto nuevo
Refriega su candor hasta ahí desconocido
Enciende su dulce conciencia
Entre pequeñas y variadas decisiones
Muere, nace



Jagger

martes, 21 de mayo de 2013

Tristán Thomas, la amistad y la gerofilia.





A mi nunca se me hizo difícil hacer amigos, me imagino que porque soy un poco payaso y cuando conozco gente en un comienzo, me encargo de que no tarden mucho en reírse de alguna tontería mía. No se exactamente porque, pero creo que soy un tipo querible, por lo menos eso es lo que siempre me han hecho sentir mis amigos. Yo no se si soy un gran amigo, no se si soy el mejor cuidando amistades, no creo haber perdido ninguna por conflictos, pero si tal vez alguna que otra la haya dejado morir, quedándome sin reacción a pesar de notar su creciente agonía. Creo que mis amigos han sido mejores conmigo de lo que yo he sido con ellos, puede ser que yo haya abusado del vinculo. Dice Bryce en “No me esperen en abril” que a los amigos hay que “…perdonarles todo, absolutamente todo, aunque joda” y yo no se si estoy completamente de acuerdo, pero creo que mis amigos si, ya que si han sabido perdonarme algún exceso en el pasado y probablemente en el futuro sabrán hacerlo de nuevo.  De mis amigos mas cercanos, del que tengo el recuerdo mas antiguo es Pete the Beat , el recuerdo no es precisamente amistoso y data de uno de mis primeros días en el colegio/prisión Inmaculado corazón, en cuyo patio yo deambulaba, en mi primer año, solo, saltando y pensando en tonterías, cuando vi a Pete the Beat acercarse  y sin decir nada se plantó delante de mi y me pegó un terrible puñetazo en la panza que me derribó y dejó sin aire. En ese momento yo no entendí el motivo, pero ahora creo que se lo atribuyo a esa técnica de supervivencia en las cárceles que implica pegarle al tipo mas grande y malo el primer día para imponer respeto, aunque yo grande si era, de malo no tenia nada, es mas, era re sonso, tenia buena onda y muy poco experiencia en cuanto a las dinámicas sociales escolares que implicaran frecuentar niños. Hasta ese momento yo solo andaba con mis primas mujeres y con ellas no acostumbraba a darnos de golpes. Pero bueno, el caso es que Pete the Beat desde ese momento me ayudó a entender que estaba ahora en un ambiente hostil y que debía valerme de mi personalidad para protegerme. Durante un tiempo largo me manejé bastante bien y luego llegó mi metro noventa y esa preocupación de terminó.  Años después y ya de mas grande, me hallé parte de un grupo de amigos muy cercanos que hasta hoy, constituye, junto con algunas adiciones posteriores, mi núcleo amical mas básico.  En este grupo hay de todo, Arturo es un Cineasta emergente y talentoso con perturbaciones mentales muy evidentes, Pete the Beat un administrador, surfer y profesor universitario bastante nerd que se viste como adolescente. Está también Nacho, un filósofo atormentado por su constante búsqueda de la verdad. Chicha, un tipo tremendamente hippie a quien veo cuando regresa a este mundo de alguna de sus travesías espirituales y artísticas en los diferentes lugares del continente. Gonzalitus, un abogado sin escrúpulos que se encarga de repartir ficciones distintas en el continente asiático (entiéndase mentir) y finalmente, el protagonista de la historia que paso relataré, un psicólogo desquiciado, de un metro con sesenta centímetros, muy poca cultura musical y una enorme capacidad para hacerse querer. Ulises, conocido también como el “Camarada Cabeza”.

Ulises y yo llegamos en autobús a Palamós, un balneario de la costa brava catalana un sábado por la mañana para encontrarnos con dos amigas,  Carolina, una chica peruana y Audrey, mitad suiza y mitad catalana. Nuestra amigas nos pasaron a buscar  por la estación de autobuses para llevarnos al departamento de la abuela de Audrey, donde pasaríamos la noche. En el camino Audrey nos explicó que su abuela, quien vivía todo el año en la playa, tenia ya una edad muy avanzada y, además de no poder caminar, su mente andaba un poco perdida, no recordaba ya el castellano y solo hablaba catalán.  Mientras Audrey iba describiendo la condición de la señora, yo pude ver como estas palabras generaron un interés inusual en Ulises, cada adjetivo de decrepitud que salía de la boca de Audrey, causaba que los ojos de Ulises se abrieran cada vez mas, hasta que preguntó “¿y tu abuelo, vive o tu abuela está sola” – “no, no vive… “ – contestó Audrey ante la reciente media sonrisa de Ulises – “Pero tiene una enfermera que la cuida…” Audrey nos explicó que la enfermera de su abuela era una inmigrante marroquí de fe musulmana, por lo que al día siguiente, cuando llegara, no debíamos saludarla con un beso, ya que ella era muy celosa con su espacio personal, por temas religiosos, y no reaccionaba bien cuando un hombre se le acercaba. Nos contó que unos años antes, un novio de Audrey , se acercó a saludarla con un beso y tras ponerle la mano en el hombro, fue lanzado al suelo por Atika con una llave de judo que acabó con su rodilla sobre el pecho del muchacho mientras invocaba gritos de guerra islámicos. Yo tomé la advertencia muy en serio, pues en mi condición de agnóstico, suelo a veces  hablar y opinar como si todo el mundo viera las cosas como las veo yo, arriesgándome a poder herir susceptibilidades, por esta razón hago un esfuerzo en tener la fe ajena presente para no ofender a nadie. Pero al mirar a Ulises, noté que su atención estaba puesta en sus pensamientos, se le veía abstraído de la situación. Tal vez Ulises estaba procesando la información de otra manera, él es psicólogo y la advertencia de Audrey presentaba a dos personajes por demás interesantes que habían, aparentemente, llamado la atención de Ulises.

Tras caminar unos minutos llegamos a la casa, ubicamos nuestras cosas en la habitación que se nos había asignado y al salir nuevamente encontramos a Audrey con su abuela en la sala. “Avia, els son los meus amics, el Tristán i el Ulises” nos presentó en catalán Audrey a la abuela que solo nos miraba y sonreía desde su silla de ruedas. Yo me preparaba para saludarla cuando Ulises saltó por delante de mí y en su muy bien aprendido catalán exclamó con una gran sonrisa “Bona tarda maca, jo soc el Ulises, tens foc si us plau” – La abuela no respondió y Audrey, con cara de desconcierto, le explicó a Ulises que su abuela no fumaba y que si quería un encendedor, en lugar de pedírselo a ella, fuera a buscarlo a la cocina. Esta actitud de Ulises me llamó la atención, pues esa frase era la que el solía usar para acercársele a las chicas en los bares de Barcelona, pero al mismo tiempo, era de lo poco que sabia decir en catalán y tenía cierto sentido que intentara congraciarse con la señora que tan amablemente nos alojaba en su casa.

Tras unos minutos salimos los cuatro a tomar unas cervezas a un bar cercano y al cabo de una hora ya estábamos bastante borrachos y divertidos, compramos mas cervezas y fuimos a seguir tomando a la playa mientras conversábamos. Ulises y yo conocíamos a Carolina y Audrey hacia ya alrededor de un año y nos teníamos bastante confianza, por lo que terminamos en una de esas conversaciones de borrachos típicas de amigos. Yo hablaba de lo extraordinario que sería mudarse a ese pueblo de la costa brava para escribir una novela, de lo apacible que debía ser la vida de la abuela de Audrey ahí, alejada de la ciudad y frente a la playa. Audrey nos contaba de los muchos veranos que pasó ahí, Carolina, cuya casa en Perú también queda a las afueras de Lima compartía la idealización de este balneario que, de acogernos durante un año entero, probablemente nos llevaría al suicidio por aburrimiento. Pero Ulises se dedicó a preguntar por los hábitos de la abuela.  Indagó sobre que le gustaba comer, si le gustaba ver la televisión o las películas, que tipo de películas y si alguna vez iba para Barcelona. Audrey respondió sus preguntas durante un buen rato y luego, a eso de las 3 am, propuso que volviéramos a seguir tomando una cervezas a la casa pues ya hacía un poco de frio. Ya de regreso nos instalamos en la cocina para seguir con la fiesta, muy borrachos ya y, tras un rato, yo abandoné al grupo para irme a dormir. Mientras caminaba hacia el cuarto y escuchaba al resto reírse desenfrenadamente en la cocina, miré hacia el interior de la habitación de la abuela y la vi dormir. Pensé en lo extraño que debe ser mirar el mundo desde esa perspectiva, ser tan mayor y verse abrumado por este mundo, o decidir ignorarlo. Pensé también en cual sería su concepto de la diversión, de la alegría y de la amistad, sabiendo que ya la mayoría de los amigos de uno, no estarían mas entre nosotros. Tras unos segundos de reflexión alcohólica, me fui a dormir.

La mañana llegó bastante rápido, mi sueño fue interrumpido de forma intempestiva por el ruido de la puerta del departamento. Me sobé los ojos y miré hacia la cama de Ulises que se encontraba desarmada pero sin embargo, vacía. Esto me llamó mucho la atención, pues si Ulises no estaba, pues tendría que estar durmiendo con Audrey y Carolina, lo cual parecía poco probable. En ese momento escuché un grito que me heló la sangre, una voz grave y con un acento extraño cruzó el aire y me pegó en el oído derecho “nooooooo, por Alaaaaaaaaá, ¿qué es esto?” – Me levanté rápidamente y salí de la habitación para encontrarme a Audrey y Carolina en la puerta del suyo y con la misma cara de sorpresa que yo. Tras mirarnos por unos segundos corrimos hacia la fuente de los gritos, el cuarto de la abuela. Al llegar al cuarto nos encontramos con una mujer de 180 centímetros de alto con un turbante que le añadía unos 10 mas. Con un brazo levantado, agitando un bastón en el aire y gritando “Pooooor Alaaaaaaaaá!!! Audrey, nunca he visto algo así, Alá sálvanos!” – miré hacia donde ella miraba y me encontré con una imagen muy perturbadora. Ulises estaba abrazado a la anciana, echado en la cama, con nada mas que su calzoncillo morado y absolutamente inconsciente a causa de la borrachera. La señora sonreía y miraba al techo mientras con su mano izquierda tanteaba la cama para entender quien era este invasor.  En ese momento Atika, usando el bastón golpeó a Ulises y lo tiró al suelo, poniéndose encima de el, apoyando su rodilla sobre el pecho de Ulises quien la miraba de vuelta con terror en la cara. Todos estábamos aterrorizados, sin entender que hacia Ulises ahí, pero yo, tras unas cuantas centésimas de segundo, entendí que mi mejor amigo, estaba siendo atacado por una musulmana que lo doblaba en tamaño y que su vida estaba en peligro. Antes de que me diera cuenta me hallé volando por lo aires y derribando a la musulmana de un solo golpe. Todos quedaron atónitos menos Ulises que me miró muy serio. “corre mierda” le dije y el se levantó, corrió al cuarto, agarró sus cosas, yo las mías y salimos corriendo.

Mientras corríamos por la playa en pijamas yo y en calzoncillo (púrpura) Ulises, lo único que pasaba por mi mente era que carajo hacía Ulises en la cama con la anciana y, cuando llegamos a la estación y nos subimos en el autobús que justo partía para Barcelona se lo pregunté. “no se broder, ni idea, debe haber sido una de mis paseos sonámbulos” me dijo. A lo largo de nuestras vidas, yo si he llegado a presenciar diversas manifestaciones del sonambulismo de Ulises, y eso mismo fue lo que les dije a Audrey y Carolina para que pasaran a perdonar a Ulises y convertir esto en un recuerdo bizarro y divertido. Pero mientras mas pasa el tiempo, yo me convenzo cada vez mas de que si esa fue la razón, a mi me es indiferente, lo que me quedó absolutamente claro, es que mi amistad con Ulises ya había pasado al plano instintivo, de que a pesar de que en esa situación el parecía el villano, yo lo ayudé y le di el beneficio de la dudad y que si esto fue sonambulismo o un fetiche sexual gerófilo, siempre estaré ahí para ayudar a mi amigo a ser feliz, sea cual sea la forma que esa felicidad decida tomar y si algo o alguien se interpone, así sea una musulmana de 180 centímetros, no tendré ningún reparo en sacarla del camino a golpes.

miércoles, 25 de abril de 2012

Tristán e Isolda

El baño era bastante pequeño, yo tenía que agacharme un poco para poder entrar y poder mear tranquilo, estaba bastante sucio también, daba la impresión de no haber sido limpiado en mucho tiempo. Me acerqué al inodoro con la intención de llevar a cabo mi misión y cuando me disponía a levantar la tapa, noté que esta se encontraba en un estado bastante lamentable  en cuanto a higiene y el asco que me generaba impedía que la tocara. Tras cuatro a cinco segundos de contemplarla, decidí que mearia en el lavatorio, era mi única opción ante tan repugnantes condiciones higiénicas, asi que eso hice. Me encontraba listo para salir cuando empecé a oir el estruendo que causan los vidrios al romperse y al caer, me di vuelta y vi una mano que rompía los pedazos de vidrio que se aferraban al borde de la ventana usando una cuchara de plata de regular tamaño, un tanto mas grande que las que se usan para tomar sopa. Mi primera reacción fue llevarme un susto, luego empecé a notar que dicha mano era de mujer y me tranquilicé un poco. Segundos después, una cara increíblemente hermosa se asomaba por la ventana y me miraba fijamente diciendo, ¿me ayudas a entrar?. Después de las tres o cuatro centésimas de segundo en las cuales estuve paralizado, me acerque, sin ningún asco permití que el borde de tan inmundo inodoro tocara el costado de mi pierna y la ayudé a entrar por la ventana. Mientras ella subía e ingresaba a mi universo privado de mear alternativo, pensé en que hacía dos segundos me gustaba, que al ayudarla a subir, un segundo mas tarde, solo podía pensar en lo linda que era y que para el momento en que ya puso des pies adentro del baño, estaba totalmente enamorado.

Hola, me llamo Isolda, me dijo y yo me quedé perplejo segundos después exclamé Tristán, yo me llamo Tristán…¿por que tienes esa cuchara de plata? Pregunté pasando por alto el hecho de que la acababa de ayudar a entrar por la ventana del baño de un bar que tenía las puertas abiertas.
La cargo por protección, me la regaló mi abuela, es para defenderme en la calle, el gas pimienta huele mal y seguro contamina, o sea que yo prefiero esto, ¿viste? Me dijo con un hermoso acento que intuí argentino y que no hizo mas que ahondar el ya profundo amor que estaba sintiendo desde hacia ya muchísimas centésimas de segundo. Bueno, ¿salimos? Me dijo después y se dirigió hacia la puerta. Espera le dije, dime porque has entrado por la ventana si la puerta está abierta. Porque odio llegar a los bares cuando la fiesta está empezada, por eso si entro desde el baño, me es mas facil convencerme de que ya hace rato que estoy aquí y los procesos sociales se me hacen mas simples y llevaderos… no se, es una costumbre que tengo hace tiempo. Isolda salió del baño y yo me quedé pensando unos treinta segundos para luego salir también en su búsqueda y encontrarla ya enfrascada en una conversación con un grupo de tres o cuatro personas. La miré por un rato, de lejos, disimulando un poco, para no evidenciar lo estúpido que me dejaba el verla reir.

Quería invitarle una cerveza, pero no tenía dinero y quedarse solo en un bar sin dinero es algo bastante difícil. Estaba yo sentado en una esquina, solo, sin tomar nada, mirándola de lejos e intentando disimularlo para que al verme no pensara que soy un freak acosador que se sienta en bares solo a contemplar mujeres exactamente de la manera en la que yo la miraba a ella. Minutos después vi que se preparaba para irse con unas amigas que la acompañaban y la ansiedad empezó a consumirme, si la dejaba partir no la volvería a ver nunca y eso me aterraba. Me paré de golpe y fui cerca de la puerta, como para encontrarnos casualmente y cuando pasó a mi lado la miré a los ojos, sonrió y me dijo ¿porqué no me invitas una birra? Es que me quedé sin dinero dije, no importa, la pago yo me dijo mientras ponía un billete arrugado en mi mano y con la cara me hacia señas de que me diera vuelta y la pidiera, así que eso hice. Segundos después, en el momento en el que recibía las dos cervezas que tenían la misión de ser el elixir ritual de nuestro amor venidero y mientras pensaba en los temas de conversación que debía abordar, escuché a una de sus amigas decirle ¡Is nos vamos, llegó el taxi! ¿ah ya lo pidieron respondió ella? Se dio vuelta y me dijo disculpame, la dejamos para otro día, me tengo que ir. Y eso, se fue y yo me quedé estúpido por unos minutos hasta que escuché a la camarera decirme, tío, son cuatro euros, salí de mi estupor metiendo mi mano al bolsillo y sacando el billete que me había dado Isolda para notar que era un billete de Monopolio, un billete de juguete con el que no se podía pagar nada, salvo el derecho a recibir todo el amor que la vida había puesto en mi y que ahora pensaba darle.

Espérame un minuto le dije a la camarera y me fui hacia el baño a pensar como carajo haría yo ahora para pagar esas birras que Isolda en teoría me había invitado y cuando estaba parado ahí adentro, con mi pierna rozando el asqueroso water, miré la ventana rota que me invitaba a escapar y pensé que Isolda, de alguna forma extraña, había pagado la cuenta rompiendo esos vidrios y regalándome un escape, poco convencional pero tremendamente poético. Poético y sangriento también ya que al trepar hacia fuera me hice un profundo corte en la mano derecha cuyo sangrado me acompañó todo el camino a casa y no hizo mas que hacerme pensar en la manera como latía mi corazón y cuanta sangre, haba sido esta mujer capaz de robarme con tan pocas palabras.

Habían pasado ya varios días desde encuentro poético y sangriento y la secuencia de imágenes seguía alojada en mi cabeza, presente y tan intensa como el dolor del corte que tenia en la mano. Un dolor que me hacia pensar en ella, que me hacia imaginar esa punta de vidrio entrando en mi mano, violentando mi existencia para modificarla de manera permanente , que me hacia sonreír al pensar que un poco de sangre era un precio muy bajo a pagar por haberla conocido y que con todo gusto hubiese seguido pagando hasta quedarme inconsciente. Había ido unas tres veces al Rosal, el bar del paseo del borne en donde nos conocimos, pero solo a mirar desde afuera ya que tenía miedo de que la camarera me viera y reconociera como el tipo que dejó las cervezas impagas y que rompió un vidrio para escaparse por la ventana del baño. Hasta ahora Isolda no había aparecido por ahí, lo cual me resultaba extraño ya que el Borne en Barcelona es un barrio que funciona como una especie de ghetto Argentino y todos vuelven tarde o temprano, pero no Isolda. Llegué a pensar que talvez ya se había ido, que probablemente no vivía en Barcelona, eso pasa mucho también, podía ser que solo hubiera pasado por ahí de visita a alguna amiga y tras solo algunos días ya estuviera en alguna otra ciudad, rompiendo los vidrios de los baños con su cuchara de plata y dejando a algún otro tarado, como un freak, esperándola en un bar sin saber que nunca volvería a verla. Pensaba que no debí haberla dejado escapar ese día, que por lo menos me habría sacado la duda de si ese encuentro había sido en realidad así de intenso, o si ahora solo se multiplicaba en intensidad por su condición de efímero y su insistencia en reaparecer y tener secuestrada mi memoria. Pero bueno, había que dejar de pensar en ella, había que dejarle a la vida hacer su trabajo, si la volvía ver, pues sería genial y si no, pues que pena. Ese era el pensamiento con el que yo trataba de darle calma a mi ansiedad mientras volvía desde el borne en un autobús hacia mi casa. El 119 subía por la Vía Layetana conmigo en el fondo y dos o tres personas mas. Yo llenaba mi cabeza de música para distraerme un poco, cosa que no funcionaba ya que todos los temas me hacían imaginármela a ella cuado de pronto el autobús paró junto al Arc de triomf y se subió Isolda, me quedé helado, no sabía que hacer, Luis Alberto Spinetta en mis oído, junto a Pescado rabioso me decía “… yyyyy si la ves pasar y no hablas…” y yo automáticamente ya me había puesto de pie, ella no me había visto y se había sentado en la parte de adelante, avancé dos pasos y frené en seco. No sabía que hacer, me hallaba consumido por el miedo y la duda, miré la puerta del autobús a mi lado y pensé en bajarme, en no matar l ilusión con una decepción, pero en ese momento me di cuenta que pensar mucho nunca me llevó a nada, que esto tenía que llevarlo a cabo si o si, de lo contrario me pasaría el resto del la vida arrepintiéndome. Frené el iPod, cambié de canción, puse “queen Jane  aproximatedly” de Bob Dylan, me senté a su lado, me miró, le saqué los audífonos, le puse los míos y la miré a los ojos, dos segundos después me dio el primer beso de la historia del universo nuevo, que acabábamos de crear.


lunes, 7 de noviembre de 2011

Rock&Roll Yo : RocK&Roll and Make up Festival 2005


En un mundo en el cual el consumismo exagerado y la sobre explotación del consumidor han deformado en su totalidad el concepto de arte, existen todavía legiones que se resisten a verse a si mismas como representantes de dicho fenómeno. Existen manifestaciones artísticas puras que mucho mas allá de su calidad o su propia conciencia de la obra, se presentan intachables en cuanto a compromiso, ilusión y lo que es mas importante, expresión sincera. Mi mas reciente encuentro con una de ellas, hace algunos días no hace mas que confirmar dicha teoría. El suceso en sí fue mas bien una noche entera, en donde una vez mas, el medio de expresión que llego a salvar el día, fue el que suele, con mayor facilidad, atrapar la atención de mis sentidos, el Rock.

Montevideo es una ciudad pequeña, lo cual hace que muchas de sus manifestaciones culturas se vean reducidas y bastante sectorizadas. Si bien existe una movida rockera, esta no cuenta ni con muchas bandas ni con un calendario galopante organizado que les de a estas mismas una exposición constante. La primera línea de bandas uruguayas, las medianamente conocidas, las que podrían ser consideradas el main stream, suelen centrar sus esfuerzos en incorporarse a la movida rockera argentina en busca de un mayor mercado de exposición. Esto que deja la vía libre en el medio local, para que las que tomen la escena sean las bandas mas amateur, ya sean de covers o bandas de rock de expresión visceral que no necesariamente cuentan con un producto de calidad, pero saben también (o no) que eso es lo que menos importa.

La noche de hace algunos sábados tuve la oportunidad de encontrarme cara a cara con tres de los ejemplos mas representativos de esta situación, tres bandas de rock de distinta onda que supieron, mas allá del gusto, atrapar mi atención y ganarse mi respeto. La primera fue una banda de covers de Foo Fighters, banda que no me entusiasma mucho pero cuyos temas fueron interpretados con la precisión y el ahínco necesarios para no decepcionar. La banda de fondo, la que había ido yo a ver, fue “Gregorio Samsa” la banda de un reciente y buen amigo mío que, junto a un grupo de rockeros medianamente veteranos, hace muy buenos covers en clave un tanto heavy de “The Velvet Underground”.  Pero fue la segunda anda de la noche, un adefesio musical llamado ANAXIMANDRO la que concitó realmente mi atención, esta banda, conformada por tres tipos con una pinta de rockeros bastante cliché, venía de Maldonado a tocar a un pequeño bar montevideano junto con un puñado de groupies viajeros y cargados de muchísimo espíritu rocanrolero. Los tipos estos dejaron la vida en el escenario, tocaron unos seis o siete temas malísimos plagados de exagerados solos de guitarra, el abuso de la palabra “nena” y en dos de ellos, la emotiva participación en la voz del hijo del cerebro, vocalista y guitarrista de la banda. ANAXIMANDRO cerró su presentación con su hit “Música para garchar”, un himno medio funky en donde se repetía que cada clase social tiene sus miserias y se pasaba luego a afirmar que esa música era para garchar. El nivel de compromiso mostrado por esta banda me hizo pensar en mi relación con la música y especialmente el rock & roll, me llevó a recordar el primer momento en que sentado en la camioneta que me llevaba al colegio y con siete años de edad, mientras escuchaba en la radio sonar “Time of my life” el tema central del soundtrack de dirty dancing caí en cuenta que me gustaba la música. Recuerdo que esa melodía se quedó conmigo durante varios días y que me acerqué a mi prima Cristina a comentárselo pero no obtuve mayor respuesta. En mi familia, en cuanto a la música, crecí bastante solo, mi madre en el auto si no pone noticias, pone la música tan bajita que se oye mas el aire acondicionado, mi padre no sabe diferenciar el tema de Star Wars del de Superman, mi hermano mayor lanza lamentos indios en la ducha y mi hermana mayor escucha Celine Dion, es decir, a ninguno realmente le gusta. Por esto motivos tuve que educarme un tanto solo o con la ayuda de buenos amigos que comparten hasta el día de hoy mi gusto y afición por la mas linda de las expresiones artísticas. Con los años fui entendiendo el sentido de la música, empecé a escribir poesía y a conectar realmente con lo que hicieron Led Zeppelin, Pink Floyd, los Beatles, Bowie, Dylan y muchos otros. Algunos años después, llegó la posibilidad de descargar de manera gratuita toda la música de Internet, cosa que empecé a hacer en ese momento y decidí no terminar nunca. Siempre quise cantar y tocar la guitarra, para lo primero no soy buenísimo pero tampoco soy malo y para lo segundo soy terrible. Llevé clases de guitarra en tres periodos distintos, el ritmo siempre lo llevé de manera correcta, pero para contorsionar los dedos y hacer adecuadamente los acordes, no estoy hecho. Por eso mismo la única manera en la que sentí que me expresaba correctamente en cuanto a la música fue compartiéndola e intentado así poder trasmitir lo que sentía yo al oírla, lo he logrado pocas veces, pero la mas importante fue allá por el año 2005, cuando gracias a que mi abuela y mi madre estaban de viaje, decidí impulsivamente organizar en mi casa una fiesta que logró quedarse grabada en la memoria de sus asistentes como el mejor musicalizado y mas sangriento “Rock&Roll and Make up Festival Lima 2005”.

Todo empezó un lunes, yo hablaba por Messenger con la chica que por esas épocas me gustaba y que después de que yo le contará que me quedaba solo en mi casa por las siguientes tres o cuatro semanas, me preguntó ¿cuándo es la fiesta? Ah lo que yo con toda naturalidad contesté, el sábado. Ahí mismo empezó la organización y la elaboración del playlist que habría de sonar, iba a ser una fiesta de rock, solo y exclusivamente de rock, bailable, cantable y todo eso, pero ningún otro tendría lugar en mi homenaje a dicho genero musical y a la que por esas épocas fuera la victima de mis desaciertos románticos. Empecé a avisar que podía asistir quien quisiera y que lo único que había que hacer era traer alcohol, ponerle onda, no inmiscuirse con la música y si se podía, disfrazarse y/o maquillarse con motivos rocanroleros. A lo largo de la semana me dediqué a ordenar todos lo temas que sonarían el día de la fiesta, todo estaba planeado para que no hubiese necesidad de cambiar la música en ninguna momento y también a promover la fiesta para asegurar su éxito. Llegado el sábado, mi amigo Carlos roe y yo empezamos a acomodar las cosas, esconder adornos y construir los diversos ambientes de la fiesta. Luego salimos a comprar dos botellas de whisky, empezamos a pintarnos la cara el y yo con maquillajes de la onda de Fischerspooner y David Bowie respectivamente y nos sentamos a esperar.

La gente fue llegando en grupos, muchos muy bien disfrazados y otros no tanto pero lo que siempre estuvo presente fue la onda, todo el mundo tenía ganas de pasarla bien, pero ella todavía no llegaba y yo ya iba, de los nervios por el cuarto whisky. Al rato llegó, tenía fiebre y no me daba mucha bola o sea q opté por divertirme con todos los demás asistentes que para ese momento ya rondaban las cien personas, entre conocidos y conocidos de conocidos. La fiesta era un éxito, yo me había evidentemente pasado de whiskys calmando la ansiedad que me había generado organizar tan magno evento y observaba la fiesta desde una perspectiva torcida y difusa así que decidí que era momento de bailar un poco. La gente bailaba adentro de la piscina vacía desde hacía ya un rato y yo me uní, primero fue Sympathy for the devil, uno de mis temas favoritos y después el éxtasis latino ochentero que representa persiana americana los que me hicieron mover el esqueleto. En ese momento, cuando rondaban ya las 4 de la mañana, y mientras yo giraba y me hacia uno con el teclado de Gustavo Cerati, uno de mis amigos, quien es un antiguo rockero devenido a Dj de música electrónica y cuyo amor por el rocanrol cuestiono seriamente hasta el día de hoy, decidió celebrar que era la primera noche que “tocaba” en una discoteca limeña tirándose a la piscina en un intento de stage diving pero sin avisarle a los de abajo que tenían que atraparlo. Entre estas personas estaba yo, bailando sin prestar mayor atención a nada cuando sentí el fuerte impacto en la nuca y el posterior golpe contra la pared que me dejó finalmente tendido en el suelo. Al levantarme vi la imagen de mi hermano mayor que me llamaba desde afuera de la piscina y yo, haciendo uso de todos mis recursos, escalé hacia fuera para hablar con el. Cuando nos encontrábamos cara a cara noté que mi brazo izquierdo estaba totalmente bañado en sangre y hasta goteaba, alguien había roto una botella y yo no había tenido mejor idea que apoyarme en ella al levantarme de tan brutal caída. Mi hermano y unos amigos cercanos me llevaron a mi cuarto para ayudarme y mientras me ayudaban a lavarme la heridas de la mano yo me reía y deliraba pensando en el éxito de mi fiesta. Has perdido mucha sangre me decía mi amigo Rodrigo, frase que yo en mi borrachera interpretaba como cinematográfica y entre risas se la atribuí a su afición por el cine sin hacerle mayor caso y asumiendo el rol cinematográfico también de hombre fuerte que ante cada propuesta de llevarme al hospital me hacia reaccionar diciendo ¡nada de médicos!. Minutos después me llego el rumor de que mi tía, le hermana de mi madre que vive tres pisos mas arriba, había bajado a ponerle fin a tan grandioso festival porque todo esto había sido demasiado rocanrol para ella. En pijama y diría que casi hasta con ruleros expulsó a todos los creyentes que ahí invocaban a los Morrisons, Lennons y Hendrix que flotaban en el aire y estaban a punto ya de poseer cualquiera de las almas que se encontraban ahí dispuestas poniéndole fin a mi fiesta. Minutos después ya todos se habían ido y yo yacía confundido y muy adolorido en mi cama pensando en que dicho festival no podía haber terminado mejor que de manera abrupta, que las glorias de la música tendrían que apreciar el sacrificio que hice yo al derramar mi propia sangre en beneficio del rock, que al haber venido la autoridad a echarlos a todos por escandalosos no se había logrado otra cosa que alcanzar el objetivo sublime de la celebración pagana y manifestación visceral del amor por algo que es mas grande que yo, que tu y que todos juntos, el Rock!.

domingo, 2 de octubre de 2011

El Ratón de Ulises

El día se tornó bastante mas largo de lo normal, clases aburridísimas y después, el trayecto eterno desde la universidad hasta su casa, hacían que Ulises no pensará mas que en llegar, echarse en la cama a ver televisión y talvez, solo talvez, comer un chocolate. Pasaban los minutos y el autobús seguía detenido en la misma esquina, hacía amagos de avanzar pero volvía a detenerse tras pocos centímetros, era como si el chofer intentara calmar la ansiedad que compartía con los pasajeros acortando la distancia entre su vehiculo y el que se presentaba, igual de estático, delante de el. Ulises miraba sus libros, tenía que estudiar y la verdad que este trayecto se hubiese presentado ideal para hacerlo si no fuera porque le resultaba imposible pensar en otra cosa que en tomar la decisión de comerse o no el chocolate… y si sí, ¿cuál? ¿Un milky way? Mmmm no, ese es muy grande, es casi un desperdicio en un momento como este, talvez un KitKat, esos me encantan, pensaba Ulises y se llenaba de ansiedad ante la situación. Minutos después subió al autobús un vendedor de golosinas y Ulises, al verlo, pensó que esa era la solución, quitarse el antojo con un chocolatito chico, barato, peruano, talvez no tan rico, pero muy eficaz en la tarea de aportarle azúcar y evitar así que al llegar comiera uno de los buenos. Dos chocolates en un día ya iba a ser mucho, ¡perfecto, me como uno de estos y así me guardo los míos! Es una idea genial, pensó Ulises mientras llamaba al vendedor,¿qué tienes?, tengo galletas joven, galleta de vainilla, de soda y chizito , anímese joven, lléveme algo. Puta madre, ni un solo chocolate, puras galletas de mierda… la solución se desvaneció con la misma rapidez con la que había aparecido, la disyuntiva volvió, ahora reforzada con el factor destino, hacia parecer inevitable comer un chocolate al llegar, no habían mas excusas, tenía que comerlo, a menos que pudiera encontrar algún otro pretexto para no hacerlo.

Minutos mas tarde, Ulises pensó en su padre, empezó a recordar con mucha rabia el episodio transcurrido esa misma mañana, cuando este le había pedido un chocolate y el se había negado a convidárselo. Hace siete meses que te trajiste esos chocolates de estados unidos, ¡no puede ser que todavía te duren! ¡Convídame pues! Hasta tu amigo Tristán me convidó algunos cuando volvieron… dijo su padre mitad en broma y mitad en serio. Pareces un ratón escondido en un rincón comiendo los chocolates que le roba a la vida. Ulises recordaba el episodio con una mezcla de rabia con vergüenza, esos chocolates representaban los últimos rezagos de su privacidad e independencia, eran suyos y nadie decidiría que se hacía con ellos, solo él tendría ese poder. Su padre no tenía derecho alguno a poner en duda su potestad, él no diferenciaba un chocolate del otro, se los comía de a dos juntos… un desastre, pensaba Ulises mientras se ofendía por haber sido comparado con Tristán, un devorador compulsivo de KitKats que, si bién era su mejor amigo y con quién compartía muchísimas opiniones, en cuanto al consumo de chocolates le parecía un inepto. El gordo ese se presentaba en su memoria fumado y envuelto en una docena de envolturas de KitKat y con una soberbia tremenda lo aleccionaba, Ulises, no seas huevón, si tienes ganas de comerte el chocolate, COMETELO! No le des mas vueltas! El verdadero ejercicio de poder y de libertad está en darles el uso que te de a ti la gana. Si quieres comerte cuatro, comete cuatro.

Al entrar en su cuarto Ulises puso sus ojos en el armario dentro del cual se encontraba el tesoro, decidió comerse dos kitkats juntos y a la mierda todo! Tomó uno con cada mano y se quedó estático mirando la bolsa que, de marzo a noviembre, había sobrevivido tan privada como valiosa y sujeta a múltiples obsesiones y pajas mentales.  Esta bolsa se presentaba colmada de milky ways, chocolates hershey’s y uno que otro crunch, pero ya ningún KitKat, ni uno mas que los que sostenía él en cada una de sus manos. Eran los dos últimos y esto lo cambiaba todo, el último KitKat no podía ser consumido al mismo tiempo que el penúltimo, eso no tenía ninguna gracia, ¿que clase de despedida era esa? El disfrute de los dos chocolates se vería condicionado por el consumo del otro y esto le quitaría cualquier tipo de particularidad al momento. Ulises dejó caer uno de ellos sobre la bolsa y cerró el armario de golpe para luego caer tendido en la cama, abrió la envoltura del elegido y empezó a devorarlo con lentitud, disfrutando cada momento al máximo y muy contento con su decisión de descarte. Segundos después sintió una deformación en la parte posterior del chocolate, algo extraño en la textura de este, le dio vuelta rápidamente y vio como la galleta que rellena el KitKat estaba expuesta, estaba como raspado, mordido, roído para ser mas exactos. Las marcas eran bastante mas grandes que las de un ratón y mientras Ulises encontraba agujeros en el envoltorio vacío pensó que tendría que haber sido un ratón gigante el que habría ultrajado su botín. Empezó a revisar la bolsa solo para notar que todos estaban en las mismas condiciones, esto lo puso tremendamente triste, se sintió invadido, apagó la luz y se volvió a tirar en la cama a dormir para, exactamente  dos horas después, levantarse sonámbulo, ir derecho al armario a buscar la bolsa y mordisquear los chocolates al ritmo del menear de su cada vez mas extensa cola.

martes, 16 de agosto de 2011

El árbol



Tenía su cabeza apoyada en mi pecho,  y se movía lentamente, como denotando las señales iniciales de  su incomodidad. El llanto era inminente, lo cual me aterraba –“tengo que actuar rápido”- pensé.  Si empezaba a llorar, si pasaba de unos cuatro o cinco segundos llorando, ya no habría como detenerla, habría que derivar el caso y eso era lo último que quería, así que empecé a cantar. Arranqué con un tema de Sui Generis, le gustó, se quedó tranquilita, poco a poco se fue acomodando entre el sonido de mi corazón y este hermoso himno hippie llamado “aprendizaje”. Acto seguido continué con uno de “Buena Vista Social Club”, un tema sobre un árbol en cuyo tronco una niña graba su nombre dejándolo marcado física y emocionalmente para siempre. Al terminar la canción, el estado de relajación suyo era tan profundo como contagioso, cargado de una comodidad extrema y altamente envidiable, y yo, cubierto en ese instante por su energía pura y su belleza intacta e inocente, decidí disfrutar del momento. Se durmió profundamente y pensé que esto podría durar horas y que no debía ni moverme, así que habría que quedarse ahí, echado en ese sillón, esperando el tiempo que fuera necesario, sin encender la luz ni el televisor ni nada. Atiné a hacer un movimiento lento y suave para apagar mi celular y me dije a mi mismo –“bueno, aquí tienes por lo menos una hora para disfrutar, pensar y experimentar plenamente una de las sensaciones que justifican la propagación de nuestra torcida e inclemente especie”-. Tras unos segundos de puro silenció, suspiró, muy suavemente, pero con la intensidad suficiente para conmoverme aun más de lo que ya lo estaba y hacerme pensar que me podría quedar ahí toda una vida.

Yo tenía puesta una de mis camisetas favoritas, una de “The Clash” y mientras empecé a pensar que talvez tendría que poner algo entre esta y la cara de Vania, su mano izquierda se cerró apretando entre sus dedos mi camiseta y unos cuantos pelos de mi pecho. En ese instante no pude evitar pensar en la noche previa a enterarme de que venía. Fue un viernes en la noche, fui a casa de mis primas a mirar un película con alguna de ellas, al subir me encontré con Micaela, lo cual era muy extraño, ya que ella, recién entrada en los veintes, no carecía de opciones en cuanto al divertimento de fin de semana y por lo general, solía aprovecharlas, pero ese día se había quedado en casa. Recuerdo que nos tiramos en un sillón a ver la televisión y Mica casi no habló, se le sentía distante y sensible, con la cabeza en otro lugar. Miramos por un rato un programa biográfico sobre gente del espectáculo hollywoodense, comentando rara vez alguno de los sucesos narrados y evidenciando, tras cada uno de esos comentarios, que los dos sentíamos, que ese viernes en la noche no era un viernes común. Pasó un buen rato y yo, que no suelo ser bueno para ignorar temas de conversación necesarios, estaba empezando a obsesionarme con el tema, tenía ganas de decirle algo, salvo que no sabía que, pero estaba seguro que ella necesitaba oír algo de mí, o tal vez yo necesitaba decirlo. Segundos después decidí dejarlo a la improvisación, solo abriría la boca  y dejaría las palabras fluir, esto no podría fallar, pero en el instante en el que mis labios se separaron, Mica me abrazó y cerró su mano izquierda  apretando mi camiseta y unos cuantos pelos de mi pecho.

Al día siguiente, a la hora del almuerzo, yo me encontraba mirando la televisión en mi cuarto cuando mi madre entró y sin ninguna introducción me dijo – “Tristán, ¿sabias que vas a ser tío?” – al levantar la cabeza noté que la expresión suya traía una mezcla de seriedad y desconcierto – “no es tu hermana”- me dijo – “es tu prima Micaela la que está embarazada”- . Yo no se si ella vino a buscar en mí alguna palabra que la ayudara a procesar la sorpresiva noticia de que su sobrina y ahijada, a quién ella quería como a una hija, había quedado embarazada a los veintipocos y estando soltera; pero lo que era seguro es que no la iba a encontrar. Dejé pasar unos segundos y me levanté de mi asiento, tomé mi teléfono celular y me fui del cuarto con la intención de encontrar mi destino mientras caminara. Mica se encontraba tan solo tres pisos arriba de mí, sin embargo yo no tenía idea de que decirle ni como, la improvisación que la noche anterior hubiese sido correcta, en este caso me resultaba inútil y hasta estúpida. Yo tenía que averiguar como se sentía ella para poder saber como debía de sentirme yo. Segundos después me hallé hablando por teléfono con una amiga en común y muy cercana a ella, le pedí que me contara por favor si Mica estaba feliz. Yo consideraba que no tenía ningún derecho a sentirme de una manera u otra por mi cuenta, ya que desde ese momento, solo importaban Mica y quién meses después llegaría a este mundo bajo el nombre de Vania. Yo sentía en mi corazón un hueco enorme, una sensación intensa pero indescifrable, algo así como un sentimiento genérico que rogaba porque la realidad le ayudase a tomar forma. Cuando la voz en el teléfono me confirmó que Mica estaba feliz, que no cabía en si misma y que si bien lo sabía ya desde hacía algunos días, no había dicho nada porque quería hablar con su madre primero. El hueco en mi pecho empezó a llenarse de alivio, alivió que pasó a transformarse en alegría, colgué el teléfono sin despedirme y  subí las escaleras para verla y darle un abrazo.

Los cinco dedos de Vania sobre mi pecho me llenaron de amor y energia, me sentí conectado con algo superior. La esencia mas pura de la vida yacía acostada sobre mi pecho y yo, echado como estaba, noté como mis raices se metían en el suelo y mis hojas la envolvían buscando protegerla. De mi cabeza nació una flor blanca que cayó encima de ella y se fue a esconder en su sonrisa, donde habría de quedarse para siempre. Ahora yo, varios años después, y aun mas árbol que en ese entonces, me alzo orgulloso mostrando la marca que Mica hizo en la corteza de mi pecho y en donde Vania metió su mano para, con todo el poder de su existencia, revivir mi corazón.


domingo, 19 de junio de 2011

Canción


Son pequeñas vibraciones, básicamente, pero es innegable su poder seductor. Empiezan a recorrer el aire que existe entre los dos y lo envuelven a uno como una espesa niebla de armonía. Cuando te das cuenta estas escuchando la letra con el pecho, sintiendo que su voz te hace vibrar las rodillas, te deja con un sentimiento de lividez plena y a la vez nerviosa. Para, se desespera, hace una descarga graciosa de energía sacudiendo la mano rápidamente y tres segundos después le pega a una nota alucinante y casi no proceso lo que escribo, su música ha secuestrado mis dedos, ahora ellos solo bailan bajo su control. “Blossom” escucho en un momento, justo después “good bye” , un tema de Tom Waitts, el lo vomita desde un infierno y ella lo revive como llenandolo de naturaleza. Se detiene, se distrae con algo. Empieza la guitarra de nuevo, un arpegio lindo, nunca pude con los arpegios… “put your head where your Heart used to be” de nuevo, es como paseito en bote, uno se mece pero junto con el piso bajo sus pies. Me rindo.