jueves, 8 de abril de 2010

Los Chocolates de María

En un intento por demostrar la relatividad del tiempo, decidí espiar de manera sutil diversos pasajes del mismo y noté que además de Jagger y yo, hay otras personas que también de alguna forma se dedicaron a perseguir sonidos. María fué, es y seguirá siendo una de ellas.





Los Chocolates de María

María se encogió de hombros al pensar que pronto seria la hora de salir, la situación le causaba como un cosquilleo extraño, una mezcla rara de ansiedad y nerviosismo. Había ido los últimos tres martes a caminar por el centro de Lima y, desde la segunda vez, pasaba por el mismo proceso a la hora de partir. Tenia como ganas de no ir y de ir a la vez, estaba muy linda, con su mejor vestido pero por dentro una parte suya rogaba para que su hermana Catalina se inventara algún malestar y las obligaran a quedarse en casa, pero no, todo andaba bien, Catalina estaba perfecta, se había recuperado ya de su ultimo y gravísimo resfriado y contaba también los minutos para salir a pasear.

Su madre las mandó llamar, el auto las esperaba afuera ya con el motor encendido, Catalina entró hacia el fondo, luego entró María, su madre se sentó en el asiento de adelante, al lado del chofer y le dio la orden de partir. – ¿Mi Papá no viene? ¿No vamos al cine entonces? – Preguntó María, - No, nos vamos a caminar por el paseo Colón nada mas- Respondió su madre mientras la miraba con una expresión un tanto ambigua, entre serena y cómplice. María sonrió por dentro y volvió a entregarse a la ansiedad de quién se anticipa a algo lindo. Catalina empezó a quejarse con su madre, a pedirle que por favor ese verano, en enero, cuando la familia entera viajara por vacaciones, no fueran a un lugar de playa – Ya se que es cumpleaños de María y ella quiere ir a la playa, pero tu sabes que a mi el mar me da alergia Mamá, acuérdate de las ronchas que me salieron esa vez que me metí, mejor vámonos de viaje a otro lado ¿tu que dices María? ¡Por favor! Tu sabes que me da alergia el mar, es una enfermedad, no es mi culpa- María asintió sin haber oído una palabra, estaba muy distraída mirando por la ventana como para oír la tonterías que hablaba su hermana mayor, además ya casi llegaban y había que concentrarse en dejar los nervios de lado.

El chofer las dejó en una esquina y se fue a ver donde estacionaba el auto, su madre les dijo que ella las miraría sentada en un banco en la esquina mientras ellas caminaban, le dio a cada una un poco de dinero para que se compraran chocolates y les dijo que volvieran en una hora y sin retrasos. Las dos fueron directamente a donde el italiano que hacia chocolates, eran los más ricos que habían comido jamás, María prefería los amargos y Catalina los de leche, los amargos le hacían daño según ella. Luego de que las dos terminaron de escoger los suyos, el chocolatero le cobró a Catalina lo que debía pero, cuando llegó el turno para pagar de María le dijo la misma frase que le había dicho las ultimas tres semanas, la misma frase con la que María soñaba cada día y que, aunque sabia ya desde antes que la iba a escuchar de nuevo, le sonaba tan dulce como si fuera la primera y ultima vez que la fuera a oír, - “El joven Enrique ya pagó por usted” – Le dijo y ella, al oírlo empezó a elevarse un poquito en el aire, solo tres o cuatro centímetros por sobre el suelo, cerró lo ojos, puso el dinero que le había dado su madre en su bolsillo y flotó. Catalina empezó a tirarle del vestido de manera insistente – “María… ¿Qué pasa? ¿Por qué estas flotando? ¡Yo también quiero flotar, ya baja! – Pero María flotó por un par de minutos mas, Catalina se cansó y se fue a hablar con algunas amigas y María siguió flotando y flotando, y flotó hasta que una mano se entrelazó con la suya, solo por dos segundos antes de soltarla, la hizo aterrizar lentamente y cuando sus dos pies ya tocaban el suelo, abrió los ojos, vio a Enrique y dijo –“hola”. – La cara se le llenó de una sonrisa enorme, una sonrisa que solo logró hacerse mayor cuando escuchó a Enrique saludarla de vuelta. – “Hola María…” dijo Enrique con nerviosismo -“¿Vamos a Caminar un poco?” Le preguntó después, a lo que María, luchando contra la parálisis que la ansiedad de la situación le causaba, respondió que sí con un casi imperceptible movimiento de cabeza. A penas empezaron andar la emoción hizo que María empezara a elevarse de nuevo, dos o tres milímetros solamente, pero lo suficiente como para que caminar se le hiciera un tanto complicado, tenia que esforzarse mucho para que las puntas de sus pies tacaran el suelo. Enrique la llevaba de la mano y como un niño llevando un globo de helio, ella agradecía dentro suyo el hecho de tener las monedas en su bolsillo, ese peso, aunque mínimo, la mantenía de alguna manera mas cerca del suelo, pero al pensar que tenia las monedas porque no había pagado por los chocolates y que los chocolates los había pagado Enrique, ¡entonces flotaba mas y mas todavía! Iba a despegar e irse hasta dios sabe donde cuando él le propuso sentarse en un banco, ella aceptó y metiendo sus dedos entre las barras de madera del banco, logró aferrarse al el y pudo por fin darle toda su atención a lo que decía Enrique – “Está bonito el día hoy ¿no? Perfecto para salir a caminar ¿no lo crees?”- Decía Enrique con la voz temblorosa, casi arrepintiéndose de hablar del clima y como queriendo volver a comerse cada palabra que salía de su boca, era la primera vez que hablaba con María, los martes anteriores no habían pasado de sonrisitas lejanas para agradecer los chocolates por parte de ella y miraditas de galán confiado y seguro por parte de él, pero ahora esto iba en serio, ahora había que ir un poco mas allá y Enrique lo sabia, se sentía seguro de que María se sentía igual que el, no solo por como había venido flotando sino también por como le sudaban las manos cuando habían venido andando, esto lo hizo sentirse un poco mas confiado y cambió el tema, empezó a hablar ahora interminablemente sobre el hecho de que quería ser banquero, se empezó a esforzar realmente en demostrarlo, habló primero de bienes raíces y otros temas relacionados. María escuchaba lentamente como el hablaba de tasas de interés, hacia la que entendía cuando realmente el único interés que tenia ella por alguna tasa giraba alrededor de heredar el finísimo juego de Té de su abuela. no dijo casi ni una palabra en todo el tiempo que duró la conversación, solo sonreía, pero al final de la media hora que habían estado juntos y luego de ver que su madre la llamaba desde lejos solo llegó a decir –“ Enrique, muy ricos los chocolates, gracias… oye, si no me ves por aquí la próxima semana es porque vino también mi padre y cuando el viene vamos al cine, a ese cine que está ahí en la esquina… me tengo que ir, mi mamá me llama, me parece que mi hermana Catalina se siente mal o algo así por lo que veo- su madre la llamaba con insistencia mientras le daba algo de beber a Catalina quien aparentemente estaba sufriendo de uno de sus terriblemente inoportunos mareos vespertinos. María le dio un beso en al mejilla, le agradeció los chocolates de nuevo y, esforzándose enormemente por no flotar, se alejó con dirección al carro.




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