jueves, 22 de julio de 2010

Los Chocolates de Maria pte.3

A penas el señor cerró la puerta del auto y empezó a caminar hacia su oficina, Oscar centró todas sus energías en la misión que le había encomendado Maria, acomodó el espejo retrovisor, se quitó el sombrero para que no se le volara con el viento, pensó tres segundos en su épocas de guardaespaldas y pisó el acelerador. Tenia que hacer un recorrido bastante largo y no tenia tiempo que perder, recorrió unas cinco cuadras hasta encontrarse con un embotellamiento brutal que esquivó con gran pericia entrando por las calles paralelas, estaba como en piloto automático, volando por las calles limeñas, el auto y él eran uno solo, estaban totalmente compenetrados, cada maniobra era casi instintiva, se habían fusionado y esto hizo que su mente empezara a volar. Oscar pensó en lo lindo del amor de Maria y Enrique, pensó en la ilusión que vio en la cara de Maria cuando le dio la carta y pensó en Maria luisa, su mujer… en ese momento la velocidad y el tiempo se le hicieron relativos, el auto seguía volando por las calles con una velocidad tremenda, pero en su cabeza todo flotaba lento, recordaba como conoció a Maria Luisa, pensó en los años de matrimonio, en los hijos… en toda la felicidad que la vida junto a la mujer que amaba le había traído y se sintió afortunado y agradecido. El espejo retrovisor recogía perfectamente el reflejo de la media sonrisa en la cara de Oscar, él la vio y se dio cuenta de que su vida había estado colmada de amor y felicidad, a pesar de los momentos tristes, a pesar del momento mas triste de su vida, el momento en el que a Oscar le toco perder a Maria Luisa, ella dejó el presente aquel para irse a vivir a la memoria eterna de su familia, lo dejó casi sin avisar, negociando con el dolor, el llanto y el desconsuelo para que estos tomaran su lugar por tiempo indefinido.

Había sido una mañana fría, con mucha niebla, de esas que lo dejan todo servido para que la tristeza haga lo suyo, Oscar se puso la gafas oscuras estilo policía y cuando estaba por salir a trabajar sintió unas ganas enormes de darle un beso mas a Maria Luisa, se detuvo y cuando empezaba a darse vuelta para volver y dárselo la escucho decir “espérame zambo, yo salgo contigo, quiero ir al médico que no me siento muy bien hoy, estoy como mareada y me duele la cabeza”. Tomaron el autobús juntos por última vez y una vez sentados Maria Luisa le dijo a Oscar – “Zambo, mucho estás fumando, te hace daño eso, tu eres fuerte, yo se, por lo mismo te jodo, yo creo que si los dejaras, podrías vivir para siempre, pero si sigues fumando, no se, por ahí que te nos vas cualquiera de estos días.” Oscar no dijo nada y se terminó el cigarro completo para diez minutos después encender otro. “Ya, acá me bajo zambo, hablamos mas tarde pues” dijo Maria Luisa justo antes de darle un beso en la frente a Oscar y decirle adiós.

Horas después, donde Maria, Oscar llamó a casa para hablar con su mujer y le dijeron que no estaba, que no había vuelto desde que salió con el, esto lo empezó a preocupar, empezó a sentirse nervioso y decidió ir al hospital a averiguar, solo tenia una hora para ir y luego recoger al padre de Maria de su oficina, así que se apuró para llegar a tiempo. Al llegar al hospital, la cosa fue rápida, el doctor le dijo que su mujer, Maria luisa, su Maria luisa, había sufrido un infarto cerebral fulminante y que no había habido opción de respuesta, no estaba mas. El se quedó quieto, como si el que acabase de morir hubiese sido él, y en lo primero que pensó fue en que tenia que recoger al señor, subió al auto y partió raudo con rumbo a la oficina, el padre de Maria lo esperaba en la puerta, justo había salido, así que lo subió y partieron. Oscar miraba las calles, escuchaba la radio y le hacia preguntas al padre de Maria como para mantenerse distraído, encendía un cigarro en cada semáforo rojo y respiraba hondo porque sentía que el aire le faltaba.
Al llegar a la casa de Maria, cogió el teléfono, llamó a su hijo mayor y le dio la noticia, rápido, como quien pregunta por el resultado de un partido de futbol. De la misma manera se lo informó al padre de Maria, quién no entendió realmente en que momento Oscar se había enterado, si antes de pasarlo a recoger o recién ahora y le dijo “Oscar, para lo que necesites cuenta conmigo, tomate los días que necesites, acá ya nos arreglamos” – Oscar se fue a encontrar con su hijo mayor en el hospital, firmó los papeles rápido, lo coordinó con una velocidad similar a con la que recorrería las calles años mas tarde para llevarle la nota de Maria al chocolatero. Al día siguiente el entierro fue temprano y muy rápido y las doce del medio día y contra las protestas del padre de Maria, Oscar estaba trabajando de nuevo, serio y aplicado, se le veía como ocupado, simplemente un poco menos conversador de lo normal. A eso de las cuatro de la tarde Maria tenia que ir a tomar clases de francés, lo cual realmente era una excusa para tomar el te en casa de una amiga suya que hacia como si le enseñara y Maria hacia como si aprendiera, y era Oscar el encargado de llevarla y esperarla en el auto hasta que saliera. El trayecto fue largo, él no hablaba y Maria no preguntaba, le daba pena preguntarle por su mujer así que no dijo nada, llegaron a donde la amiga y Maria bajó del auto. Oscar tiró el asiento para atrás, encendió un cigarrillo y empezó a mirar al techo del auto durante una hora.

Al salir Maria encontró a Oscar como dormido en el auto, le toco la ventana y pegó un salto, se bajó y le abrió la puerta, arrancó el auto y empezó a preguntarle por sus clases “¿oye y ya podrías hablar francés así bien bien? - “no… bueno mas o menos, se saludar y un par de cosas mas, tampoco es que lo practiquemos tanto, mas que nada conversamos de nuestras cosas, pero no le cuentes a mi Papá que me mata” – le confesó Maria sabiendo que Oscar no la traicionaría – “Con razón sales tan relajada, como tranquila cada vez que vienes” – “si, la verdad que me gusta mucho y me siento muy bien de tener con quién hablar, ¿tu no tienes con quién hablar oscar?” – Preguntó Maria, pregunta a la que le siguió un silencio que se sintió eterno pero que en realidad solo duro unos diez segundos hasta que oscar respondió “bueno, ya no… tenia a Maria Luisa, pero ya no… y la verdad ahora mientras te esperaba, ha sido el primer momento de tranquilidad que he tenido desde que pasó todo esto. No se, creo que recién me ha caído encima… creo que recién me acompañé de soledad y me di cuenta de que de ahora en adelante será así… no se. Creo que recién caigo, recién me doy cuenta que se me fue… y me jode, me jode porque no la voy a ver de nuevo. Yo no creo en eso del cielo, eso de que es dios el que se la ha llevado, ¿dios para que la quiere? Ella era perfecta para mi nada mas, a dios no le hubiese servido. Yo la verdad espero no morirme nunca, porque si es verdad esto del cielo, yo no entro, con lo que estoy maldiciendo a dios por llevársela, si es que existiera, estaría muy molesto conmigo el hijo de puta, el que te quita a tu mujer, después no puede estar invitándote a su casa y esperando que vayas.” – Maria asintió muerta de pena, con unas ganas enormes de abrazar a Oscar y hacerle saber que su sufrimiento la ponía tremendamente triste a ella también. Se quedaron en silencio el resto del camino y al llegar Maria le dio un beso y bajó del auto.

Oscar se dio cuenta que ya iba llegando al paseo Colón y volvió un poco en sí, pero no dejó de pensar en Maria Luisa y también en Maria, en Maria y Enrique específicamente, pensó que talvez ellos podrían tener un amor tan lindo como el que tuvo él, una familia linda también talvez en el futuro. En ese momento Oscar bajándose del auto vio al chocolatero italiano, se le acercó, sacó la nota de su bolsillo izquierdo y le dijo – “oye, mira, cuando venga el chico este, Enrique, el que te paga los chocolates por adelantado, le das esta nota de parte de Maria por favor, es importante que la reciba, así que por favor no te olvides” – “mmm ok, pero ¿y a mi que me das?” le respondió el chocolatero. En ese instante Oscar volvió a recordar sus épocas de guardaespaldas y cuando lo notó, sus dedos ya envolvían el cuello del italiano y se escuchó a si mismo decir – “no te doy nada y como Enrique no la reciba, vengo y te paso por encima del puesto con el auto, ¿tu sabes lo que pesa ese auto? ¿lo quieres tener encima? Bueno, ya sabes que hacer”.
Oscar lamentó tener que aparentar ser violento, pero pensó que era la única manera de asegurarse que tipo este diera el mensaje, el remordimiento le hizo comprar un para de chocolates antes de irse para darle a Maria al llegar a casa, se subió al auto y partió de nuevo.
Al llegar a la casa, mientras esperaba a los hermanos de Maria, esta apareció rapidísimo, descendió flotando desde el segundo piso de su casa, ya a medio camino preguntando “Oscar… ¿fuiste? ¿se la diste?” – Oscar no respondió, solo extendió su mano y le dio los chocolates que había comprado, Maria sonrió, le dio un beso, le dijo gracias y volvió a subir flotando hacia su habitación.
Oscar en ese momento pensó de nuevo en Maria luisa, en Maria, en Maria luisa de nuevo, en Enrique, en él mismo, decidió que de ahí en adelante trabajaría porque Maria fuera feliz, para que viviera un amor como el suyo, decidió cuidarla para siempre, cogió el paquete de cigarros que tenia en el bolsillo, lo tiró a la basura y decidió no morir nunca, vivir para Maria, para Maria luisa y para siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario